En 2016, dos nuevas gaitas se han incorporado a la colección de instrumentos tradicionales del Museo del Pueblo de Asturias, quedando desde esta semana expuestas en la Sala Internacional del Museo de la Gaita. Se trata de un baghèt del norte de Italia, donado por el artesano Pietro Carisio, y un hrubé gajdy procedente de Eslovaquia, adquirido al artesano Juraj Dufek.

Con estas piezas, el Museo del Pueblo de Asturias continúa su política de incorporación de fondos y completa la muestra internacional de gaitas, una colección que comenzó a formarse hace cincuenta años, en 1966, cuando dirigía el Museo de la Gaita Rafael Meré Pando, autor además del primer catálogo del museo, editado en 1970.

El baghèto gaita bergamasca es una gaita muy similar a la asturiana que se toca en las provincias de Bérgamo y Brescia, que forman parte de la Lombardía italiana. La palabra “baghèt” significa “bolsa pequeña” y hace referencia al fuelle. El baghèt se documenta por primera vez en el siglo XIV, conservándose algunas representaciones iconográficas, siendo la más conocida la danza macabra de la iglesia de San Vigilio, en Pinzolo, pintada por Simone il Baschenis en 1539.

El baghèt fue un instrumento de construcción popular y pastoril, generalmente tocado en invierno, época de menos trabajo, hasta la fiesta de la Epifanía. Aunque debió estar extendido por toda la provincia, llegó en uso hasta el siglo XX en solo dos valles: Val Seriana y Val Gandino. Dejó de tocarse en los años cincuenta del siglo pasado, aunque quedó un único gaitero en activo, Giacomo Ruggeri, “Fagòt”, de Casnigo (1905-1990), gracias a cuya memoria se logró recuperar el instrumento en los años ochenta.

En cuanto al hrubé gajdy o “gaita rústica” de Trencín, es un instrumento llamativo por sus grandes diferencias con respecto a la gaita asturiana y, sobre todo, por sus grandes dimensiones. Tiene tres tubos: dos de ellos son sonoros (tubo melódico y bordón) y el tercero sirve para introducir el aire en el fuelle, aunque no soplando directamente, sino utilizando para ello un fuelle auxiliar que el músico amarra a su antebrazo derecho mientras toca. El bordón del hrubé gajdy, por su notable tamaño, está plegado sobre sí mismo y, para amplificar su sonido, se ha añadido un gran pabellón de cuerno bovino y latón dorado. El tubo melódico, con el que el gaitero toca la melodía, está asimismo provisto de un pabellón de resonancia.

El hrubégajdy se usa normalmente para acompañar el canto y las danzas populares, solo o en combinación con otros instrumentos. Su último intérprete tradicional fue Ján Brida, de pueblo de Gbely.