Lo cierto es que la clasificación de la Segunda División está más ajustada que nunca y, al margen del Cádiz, que lidera la tabla con una actuación espectacular, nada menos que 31 puntos y 10 victorias en 13 partidos jugados, entre la segunda posición (el Almería, con 23 puntos) y la decimotercera (el Girona, con 17 puntos) hay solo seis puntos de diferencia.

Después de la apabullante victoria del Sporting frente al Zaragoza, nuestro equipo se sitúa en la decimoprimera posición, sin embargo, está a solo dos puntos del Rayo Vallecano, sexto y en posición de disputar el playoff de ascenso a la Primera División.

Por cómo están transcurriendo las jornadas, no cabe duda de que esta temporada nos espera una competición muy ajustada y emocionante, y que el Sporting hará todo lo posible para ocupar puestos de ascenso. Un buen ejemplo de ello fue el rendimiento que pudimos ver sobre el terreno de juego en el partido contra el Zaragoza el pasado domingo 27 de octubre.

Es indudablemente cierto que Manu García fue uno de los mejores jugadores del partido, y probablemente sea uno de los mejores jugadores de la categoría, pero el trabajo de equipo se hizo patente en las actuaciones de Aitor García, Isma Cerro o Álvaro Vázquez, por poner algunos ejemplos.

Manu hizo los honores, y decantó el partido nada más empezar. De esta forma se confirmaba la resurrección rojiblanca. Hacía mucho tiempo que no veíamos destacar a un jugador como lo hizo el mediapunta asturiano durante el inicio del partido, y es algo que se ha comentado en muchos medios de comunicación especializados. En el minuto 3, cogió el balón en la banda izquierda, se deshizo de cada uno de los rivales que intentaron hacerse con el esférico, buscó apoyo en Djurdjevic y, finalmente, asistió magistralmente a Isma Cerro.

Cerro dejó atrás con este gol 575 días condicionados por una grave lesión y puso en pie a El Molinón. Las gradas no daban crédito al recital de Manu García, pero al jugador todavía le quedaba mucho por hacer.

Por otra parte, vimos a un acertado Aitor García, que ya se está convirtiendo en una de las sorpresas de esta temporada. El onubense de 25 años pudo definir en el minuto 21, pero lo dejó para el 38, cuando amplió ventaja con mucho estilo frente al portero visitante. Aitor viste el número 7, lo que para muchos aficionados, y para la cultura popular, es una incuestionable señal de buen augurio, y por lo pronto parece que se está confirmando la superstición.

Es cierto que en la reanudación el Zaragoza estuvo cerca de meterse en el partido con un buen disparo de Javi Ros que rozó el palo derecho de Mariño, pero Manu García seguía en su línea, con una particular exhibición de buen fútbol. Le puso a Uros Djurdjevic el gol en bandeja, pero el serbio no definió, dejando su lugar a Álvaro Vázquez. Una vez más, Manu le puso el gol en las botas a Vázquez, quien no controló bien el balón, dejándolo muerto en el área y permitiendo, de esa forma, que Aitor García selló su doblete.  

Finalmente, Vázquez se quitó la espinita y pudo definir, cerrando el resultado en el minuto 88 con un 4-0 espectacular, que no solo ofrece mucha ilusión a los rojiblancos, sino que pone sobre la mesa un buen número de virtudes que pueden hacer que el equipo alcance las posiciones más altas de la clasificación este año.